sâmbătă, 9 august 2014

Bajo el cielo de España: Capítulo VI (Primera parte). Sobre los brigadistas rumanos en la Guerra Civil Española

Continuamos con la traducción del libro del rumano Valter Roman, miembro de las Brigadas Internacionales que lucharon en España contra el fascismo, en el que se describe la participación de comunistas de Rumania en la Guerra Civil española (1936-39).

Se puede acceder a las partes anteriores en los siguientes enlaces:


Capítulo VI: Las dos llaves: Quinto y Belchite

La ofensiva republicana de Brunete alejó en cierta medida el peligro que amenazaba Madrid. Pero no se puede decir lo mismo de la situación del norte de España. Si que es cierto que la ofensiva del centro tuvo como resultado el retraso del ataque fascista sobre Santander, pero, sin embargo, tras el final de la batalla de Brunete, Santander sería atacado por los franquistas y caería en sus manos. Entonces Franco planeó ocupar toda Asturias, es decir, el total de los territorios republicanos del norte.


El mando republicano no pudo tampoco en esta ocasión venir directamente en ayuda de la zona republicana del norte, salvo intentando atraer hacia otro frente a las tropas fascistas. Con este objetivo, se inicia la ofensiva de Aragón, en el entorno de Quinto-Belchite, en las proximidades de la ciudad de Zaragoza; una operación que superará tanto desde el punto de vista de la organización como desde el de los resultados obtenidos al resto de las acciones militares llevadas a cabo por los republicanos hasta el momento. Los objetivos audaces de la ofensiva de Aragón, los éxitos obtenidos en el curso de las luchas, que vamos a relatar en las páginas que siguen, demostraron el alto grado de preparación militar alcanzado por las unidades republicanas, y la madurez y la destreza de sus mandos en el arte de dirigir a sus tropas.

En el frente que se extiende desde los Pirineos hasta Teruel las líneas fascistas presentaban algunos picos avanzados profundamente hacia el este, en territorio republicano. Partiendo del norte, las posiciones fascistas, tras seguir durante un tramo el curso del rio Gallego, giraban hacia el este, donde formaban un ángulo en cuyo vértice se hallaba la localidad de Huesca, seriamente amenazada por los republicanos. Después, volvían de nuevo hacia el oeste hasta llegar a Zuera. Al sudeste de la ciudad de Zaragoza el frente fascista formaba un nuevo ángulo hacia oriente que pasaba por Osera, Pina, Gelsa, englobaba Belchite y llegaba después hasta Fuendetodos, desde donde se prolongaba hacia el sur en dirección a Teruel.

La estratégica carretera Huesca-Zaragoza-Teruel, cuyo control tenía una importancia decisiva para los fascistas, fue, empezando desde el mes de abril, el objetivo de numerosos ataques republicanos. El punto más importante de esta vía de comunicación era, sin duda alguna, Zaragoza ̶ aguerrida ciudad cuya conquista había costado, en tiempos de Napoleón, más de 50.000 vidas humanas. El dominio de Zaragoza, capital de Aragón e importante nudo ferroviario, aseguraba la posesión de las dos posiciones avanzadas de los fascistas: Huesca, al norte, y Teruel, al sur.

Por ello, la ofensiva republicana persigue, en primer lugar, la toma de Zaragoza, en dirección a la cual van a ser dirigidos dos ataques ̶̶ uno iniciado desde el noreste (desde el sector de Zuera), otro desde el suroeste. A las tropas de este último sector se les asignó la misión de tomar la encrucijada de Belchite y después atacar Zaragoza por el sur. A la confluencia de los dos ataques debía llevarse a cabo un asalto frontal sobre la ciudad.

Para el inicio de esta ofensiva el mando republicano concentró en este frente fuerzas importantes: los cuerpos del ejercito español dirigidos por Modesto y Lister, las Brigadas Internacionales XI, XII, XIII y XIV, 100 tanques, 40 baterías de artillería y, aproximadamente, una centena de aviones.

Los fascistas disponían en este frente de unos 18 batallones y tenían en reserva 4 divisiones ̶ dos italianas y dos franquistas. Por el aire, tenían el apoyo de la aviación italiana y de la Legíon Cóndor alemana. Durante tres meses, bajo la dirección de oficiales nazis, el terreno fue preparado de forma especial: las colinas fueron excavadas con trincheras, las ciudades convertidas en verdaderas fortalezas de cemento y alambre de espino y los campanarios de las iglesias transformados en nidos de ametralladora. En el marco de este sistema de defensa, Quinto y Belchite ̶ considerados por el mando franquista como las dos llaves que cerraban el camino hacia Zaragoza ̶ constituyeron dos centros de resistencia fascista muy importantes.

La ofensiva republicana comenzó el 24 de agosto de 1937. Las tropas republicanas del flanco derecho, precedidas por tanques, atacaron violentamente y por sorpresa, sin preparación previa de artilleria ni apoyo aéreo, logrando cortar la carretera Zuera-Huesca. El Batallón “Dombrovski” de la XIII Brigada Internacional, penetró en las líneas fascistas y, a pesar de estar rodeado de enemigos, logró limpiar la zona.

En el flanco izquierdo, la División 35, mandada por el general Walter, apoyada por 40 tanques, también avanzaba. El 25 de agosto de 1937, las Brigadas Internacionales XI y XV ocuparán Quinto y Codo.

El ataque frontal hacia Zaragoza hizo que las tropas republicanas se acercaran a 4 kilómetros de la ciudad.

El día 26 de agosto el ataque principal se llevó a cabo partiendo desde Quinto en dirección a Belchite; también desde allí se inicia un ataque en dirección a Fuentes del Ebro.

Belchite, con una guarnición fascista de unos cuantos miles de soldados, estaba rodeado, y todos sus esfuerzos de romper el cerco fueron inútiles. El 6 de septiembre, la guarnición se rindió. Los fascistas perdieron en Belchite a más de 2.000 hombres, de los que 500 fueron hechos prisioneros.

Los fascistas se encontraban en una situación crítica, y envíaron otras dos divisiones al frente, una a Zuera y otra a Fuentes del Ebro, mientras las fuerzas aéreas concentradas en Santander fueron igualmente destinadas al frente de Aragón. Sin embargo, el avance republicano no cedía bajo ningún concepto.

La ofensiva republicana terminó el día 15 de octubre. Había costado grandes esfuerzos y pérdidas al mando republicano, pero se saldaría con verdaderos éxitos: se tomaron dos localidades importantes, fue liberado un territorio de 900 Km2, y miles de soldados fascistas fueron sacados de la lucha. La situación de la ciudad de Zaragoza, el principal punto de apoyo del dispositivo militar fascista, era muy delicada debido a las nuevas posiciones alcanzadas por los republicanos.

La ofensiva republicana tuvo el estratégico resultado de mudar el centro de gravedad de la guerra al frente de Aragón y Cataluña y, por lo tanto, descongestionar el frente central, donde las dificultades de orden económico y militar se habían agravado palpablemente a causa de que Madrid se encontraba completamente rodeada y sin apenas medios de transporte y comunicación (la capital no tenía ya comunicación ferroviaria con el resto de las zonas republicanas). De este modo, uno de los principales objetivos perseguidos por los republicanos al abrir el frente de Aragón fue alcanzado.

En el frente de Aragón los voluntarios internacionales actuaron con la misma valentía y heroísmo mostrado en el curso de la guerra de España, lo que fue una característica propia de los luchadores antifascistas, a pesar de las condiciones cada vez más difíciles. En aquella ocasión, la falta de alimentos se transformó en una cuestión peligrosamente grave. Antes del comienzo de la ofensiva de Quinto-Belchite, el mando informó que los hombres habían adelgazado de forma resaltable a causa de la mala calidad de los alimentos, en especial porque no habían comido durante mucho tiempo nada de carne y de que, en consecuencia, la moral no era demasiado alta.

̶ Debemos hacer algo ̶ dijo el general Walter. No podemos enviar a los hombres al ataque con el estómago vacío. Pero, ¿qué podemos hacer? La situación del aprovisionamiento es mala en todos lados… ̶ y farfulló entre dientes un insulto dirigido a los defensores de la “no intervención”[1]

A los dos días se encontró una solución. Fue hecho llamar el jefe del escuadrón de caballería, que recibió la orden de sacrificar algunos caballos, los más viejos o los más débiles. Los cocineros de diferentes nacionalidades se esmeraron en transformar su carne en deliciosa comida con un éxito absoluto. Quizás porque en todas las lenguas es válido el proverbio rumano que dice: “el hambre es el mejor cocinero”.[2]

QUINTO O UN HECHO DE ARMAS FUERA DE LO COMÚN

Voy a relatar a continuación un hecho de armas totalmente fuera de lo común y que llegó a ser rápidamente conocido en toda la España republicana y, más tarde, en toda Europa. Se trata de un episodio de la ofensiva lanzada por el ejército republicano a las puertas de la ciudad de Zaragoza, en agosto de 1937.

Los combatientes del regimiento rumano destacaron por cumplir de un modo extraordinario una orden del general Walter durante los combates de Quinto. Para conquistar la localidad se debía, en primer lugar, sacar de una posición fortificada en el cementerio a las tropas fascistas, formadas por moros, que impedían a la infantería avanzar provocando grandes pérdidas. Con el objetivo de cumplir la misión, un grupo de artilleros de la unidad rumana ataron un cañón a un camión cargado de municiones y se dirigieron hacia las posiciones enemigas, situándose a 500 metros por delante de las posiciones republicanas, y desde donde comenzaron a bombardear las troneras de los refugios fascistas. Tomados por sorpresa por el inesperado acto de valentía, los enemigos no reaccionaron en un primer momento y, cuando empezaron a responder, los cerca de 200 obuses disparados en un tiempo record por el viejo Krupp de la artillería rumana les puso en fuga.

En los lacónicos apuntes sobre la unidad que mandaba, el general Walter, comandante de la 35 División de las Brigadas Internacionales, consideraba que merecía la pena mencionar el episodio expuesto más arriba. Refiriéndose al viejo armamento con el que estaba obligada a actuar en la mayoría de los casos nuestra artillería, escribió: “En los combates alrededor de Quinto del 24 de agosto de 1937 uno de estos cañones nos prestó un gran servicio, al acercarse a plena luz del día, por un terreno totalmente descubierto, a unos cuantos cientos de metros de las posiciones fortificadas por los fascistas junto al cementerio, y abriendo fuego directamente sobre los nidos de ametralladora del enemigo, lo que no solo facilitó la posterior toma de estas posiciones por parte de nuestra infantería, sino que, lo que es aún más importante, convenció a los artilleros españoles de las ventajas de este procedimiento y provocó que estos actuaran de la misma forma en los días posteriores en los combates en Quinto y, muy especialmente, junto a Belchite”[3].

En otro lugar de sus memorias, el general Walter añadió que

“El cañón cumplió las órdenes a la perfección. A las 12.15 partió de las faldas de El Cornero[4] un camión con un remolque, que llevaba consigo 200 obuses y a sus servidores. El vehículo se deslizaba entre las arenosas colinas, resguardado tras los accidentes naturales del terreno, avanzando sin preocuparse de los tiros nerviosos de los rebeldes, hasta acercarse con tranquilidad a cerca de 200 metros de las trincheras del enemigo. Allí los servidores del cañón cargaron rápidamente la munición y lo emplazaron en posición de tiro, desde la que destruyeron, tras 10-15 minutos, el flanco accesible desde el sur de las fortificaciones fascistas del cementerio.

Esto provocó el pánico entre las filas enemigas. Sus soldados comenzaron a huir cada uno por su lado o en grupos, amparándose en los refugios naturales del terreno. Otros se desesperaban buscando cómo escapar hacia otros lugares donde cobijarse.

Si entonces la infantería hubiera mostrado iniciativa y decisión, en especial si hubiera sido cubierta por el fuego de la artillería, habría sido fácil tomar las posiciones enemigas del camposanto. Sin embargo, tanto la infantería como la artillería se limitaron a manifestar efusivamente su entusiasmo frente al heroísmo del cañón, que cumplió con su deber devotamente. Nadie le dio la menor ayuda. Así como suele suceder a menudo en los momentos más críticos, la conexión telefónica con la artillería no funcionó. Aparte de la posibilidad de enviar un mensajero, no existía ninguna otra forma de comunicación. La artillería abrió fuego apenas alrededor de las 14.30, es decir, mucho tiempo después de que el cañón, consumiendo su provisión modesta de munición, volviera sin pérdidas a El Cornero”.[5]

El siguiente texto es un fragmento del libro de Willy Bredel “Cita en el Ebro”[6], en el cual el escritor antifascista alemán, antiguo comisario político del Batallón “Thälmann” de la XI Brigada Internacional, cuenta, entre otros acontecimientos de la Guerra Civil Española de los que fuera testigo ocular, el acto heroico de los soldados del regimiento rumano de artillería:

“…El general[7], que seguía desde lo alto de la montaña el desarrollo de la lucha, envió a llamar al comandante del regimiento rumano de artillería.

─ Coge el prismático y mira en dirección al cementerio… Desde allí las metralletas fascistas siembran la muerte entre el tercer batallón. Debemos silenciarlas… ¿Conseguiréis hacerlo?

─ Por supuesto ─, sonó la respuesta. ─ Dirigiremos el fuego hacia allí.

─ ¿Cómo resultaría si lo intentáramos con fuego directo?─ preguntó el general.

─ Entonces… entonces… deberíamos colocarnos frente a la colina aquella, desde la que empieza la llanura… Necesitaremos…─ la situación era inédita ─ instalar los cañones frente a nuestras propias líneas y disparar.

─ ¿Y no es posible?

─ Si es necesario, lo haremos.

─ !Perfecto! Nos vendrá de maravilla un acto de bravura que nos anime… Coge un cañón, 200 obuses, algunos hombres valientes y… ¡a por los enemigos! ¡Haced callar a las malditas metralletas!.

Album de la Brigada XV (Abraham Lincoln)
http://dlib.nyu.edu/alba-moscow/
El joven rumano, comandante de artillería, recibió las órdenes en posición de firmes, saludó y se marchó. En el camino hacia su regimiento, todo tipo de imágenes, pensamientos y sentimientos se agolpaban en su acalorada cabeza. Un mensajero le alcanzó en el camino.

─ Camarada comandante, gritaba él, órdenes del general ─ Utilice solamente voluntarios.

…El cementerio… muchos nidos de ametralladora… el batallón Thälmann quedó al descubierto, a tiro del enemigo… Un acto de bravura… Un cañón, tiro directo… Delante de sus propias líneas… Solamente voluntarios…Los oficiales y soldados del regimiento de artillería rumano se agrupaban en torno a su comandante y escuchaban tensos sus órdenes lapidarias.

─ El cañón se va a la mierda ─, daba su parecer el capitán Jacques Lacré, ─ y sus hombres también.

─ !Probablemente!─ El comandante extendió un mapa y explicó ─ Hacia delante se encuentra “Thälmann”. Al lado “Edgar André”[8]. Nosotros estamos en el flanco de los fascistas. Una vez que el cañón llegue al otro lado de la colina nada se interpondrá en su camino para tenerlos a tiro. Si logramos acallar sus ametralladoras, el poder de fuego enemigo va a disminuir considerablemente, y los camaradas de la Thälmann escaparan de la lluvia de proyectiles. Necesitamos seis hombres. Solamente voluntarios… ¿Quién quiere ir?, preguntó mirando los rostros de los camaradas. Quería memorizarlos bien aunque en su mayor parte los hubiera estado viendo diariamente durante todo aquel año…

Mientras tanto, Jacques había reunido cinco artilleros y un conductor. Charles y León estaban entre ellos. Cuando se decidió esto, el comandante quiso protestar; se lo pensó mejor, sin embargo ¿Por qué molestarles? No había tiempo que perder; tenía que evitarse cualquier lío, porque seguro que ambos protestarían, defendiendo hasta la muerte su participación.

Eligieron para su acción un viejo cañón Krupp de aquel inolvidable año 1914. Echaron todos una mano y en pocos momentos estaba enganchado al camión con su oscura boca altiva y amenazadora. A su lado había ocho cajas con 200 obuses. Tras un rápido informe de la situación, un emotivo hoque de manos y los camaradas se subieron al camión, a la vez que el canoso Antonio, consecuente comunista malagueño, con sus gafas sobre la nariz y la barriga incipiente, embragó cuidadosamente y puso en marcha el vehículo, que avanzó traqueteando sobre los baches. En lo alto de una colina, donde el estado mayor de la división había ubicado su puesto de observación, había una febril agitación. Todo el que tenía unos prismáticos miraba hacia la llanura, siguiendo el avance del camión que, con el cañón tras de él, atravesaba el campo de batalla.

─¿Hacia dónde han partido?, preguntó alguien con asombro ─ Es increible, se dirigen hacia las posiciones enemigas, expuso otro. ─ General, ¿que se les ha pasado por la cabeza? ¿Hacia dónde van?... ¡Están como una cabra!

El general respondió, sin quitarse los prismáticos de los ojos:

─!Calmaos! ¡Tened un poco de paciencia!

El camión llegaba en esos momentos justo a la primera línea, pero no se detuvo allí, sino que continuó avanzando en dirección a las posiciones enemigas. Seguía su camino y no se escuchaba ni un tiro. Frente a él se extendiá el páramo.

─!Estos van directamente a la boca del lobo!, exclamó uno.

─!Demonios! ¿Qué significa esto?, murmuraba un capitán polaco del estado mayor de la división.

El camión, por fin, se detuvo. Se podía avistar claramente que dos hombres habían descendido. Aparentemente, exploraban el terreno. Después, volvieron al camión y este continuó hacia delante. No obstante, no fue muy lejos cuando, de repente, giró bruscamente, como si hubiera tenido la necesidad imperiosa de dar la vuelta. Se paró de nuevo, tres hombres saltaron del camión y en pocos momentos el cañón se encontraba sobre el suelo con su boca dirigida hacia los fascistas. Otros tres hombres descendieron y las primeras detonaciones se hicieron oir…

─ !Tiran!, gritó uno de los oficiales, totalmente sorprendido.

─ !Chicos! ¡Mirad los disparos!...

─ !Extraordinario! ¡Increible!

─Dime─ chilló un oficial español dirigiéndose a su compañero ─ ¿Has oído alguna vez que haya sucedido algo así? ¿No es acaso un acto de absoluta temeridad, una locura?

Obús tras obús salían tronando desde el viejo Krupp, cuyo negro cañón se dirigía horizontalmente hacia el cementerio, que se encontraba a una distancia de poco más de 200 metros. Los primeros obuses explotaron cerca del muro de la necrópolis. Sin embargo, después, uno tras otro los proyectiles fueron cayendo dentro del recinto del camposanto y uno de ellos derrumbó totalmente una de las esquinas del muro.

Únicamente durante unos segundos se escuchó el rítmico tiroteo de las metralletas, que pronto, sin embargo, callaron. De vez en cuando se escuchaban algunos disparos desperdigados. Solo eso. Aquel rabioso cañón hizo a los fascistas poner los pies en polvorosa, abandonar aterrados el cementerio. Entonces, la artillería fascista inició un fuego concéntrico. Los proyectiles caían en las cercanías del cañón, rodeándolo de humo y haciendo retumbar la tierra a su alrededor.

Una descarga enemiga hace que el cañón y sus artilleros desaparezcan del campo visual ¿Había acertado de pleno? Todo parecía perdido… El humo no se había disipado del todo cuando el cañón se volvió a escuchar. De nuevo comenzaron a sonar los atronadores obuses. Los que se encontraban en el puesto de observación estaban presos de una gran agitación. Todas las miradas estaban concentradas en el cañón… Siempre se habían comportado maravillosamente estos chicos, pero esta vez habían batido todos los records… El general estará contento, aunque sea tan difícil contentarle….

El general se dio la vuelta. Era el único que parecía haber mantenido la calma durante todo el tiempo ¿O sencillamente había conseguido dominarse mejor que los demás?

─!Eh, vosotros! ¿Habéis vivido algo como esto?... Lo que habéis visto contradice cualquier regla de la guerra. Es prácticamente imposible algo así ¿Habéis entendido? ¡Imposible! Pero con estos chavales se pueden hacer cosas imposibles…se puede pasar por encima de cualquier regla.

Doscientos obuses habían caído sobre el cementerio y las ametralladoras fascistas se habían silenciado. Antonio, que en ningún momento había abandonado el volante, conducía el camión, tras haberse enganchado el cañón todavía caliente, iba ascendiendo con los camaradas sobre colinas y lomas, hacia la posición de su batería.

El general abandonó el puesto de observación y fue a recibir a los que regresaban…”[9]

A continuación, comparto con el lector un fragmento del libro del conocido escritor soviético Mihail Koltsov, “Diario de la Guerra de España”, en el cual está descrito detalladamente el acto heroico del grupo de artillería del regimiento rumano en el frente de Zaragoza (en Quinto).

Para entender mejor las condiciones en las que luchaban las tropas republicanas, reproduciré en primer lugar un fragmento en el cual Koltsov nos describe muy sugestivamente tanto el marco en el que se desarrolla la ofensiva de Aragón, como la noche anterior al ataque sobre la localidad de Quinto.

“Después de un enorme intervalo, se ha alterado la calma en las desérticas extensiones de Aragón. De nuevo resuenan los disparos,otra vez van por los caminos soldados blancos de polvo, con los rostros acarminados por el sol, de nuevo son arrastrados cañones y pasan furgones sanitarios con heridos.

Aquí es difícil combatir. Ásperas elevaciones arenosas, a veces como montañas. En esas elevaciones, la hierba queda requemada, más descolorida que un estropajo. Y eso es todo. Ni un árbol, ni un arbusto, nada que salve del calor. No hay agua. La traen aquí en cisternas, de un riachuelo repulsivo, caliente y turbio, a veinte kilómetros de distancia. La teñimos con vino, pero el vino no puede disimular todos los desagradables resabios, salados y terrosos. ¡Pero al diablo con ellos, con los resabios! Que hubiera por lo menos un sorbo de esta agua cuando todo ha quedado reseco, dentro y fuera, cuando todos los poros del cuerpo están llenos de arena. Esta caliente capa de arena se mete por la nariz, la garganta y las orejas; te frotas los ojos con los dedos sucios, los ojos se irritan, el sol los cauteriza y todo cuanto ves se ofrece con manchas anaranjadas y violáceas.

Todos envidian a la Brigada N: la han mandado de noche a forzar el río Ebro, vadeándolo. iDe noche, a vado! Esto significa que habrá frescor, que habrá agua; iAgua hasta el cuello! Se ha aclarado también que los zapadores tienen tiempo de tender un puente. Lo han tendido. Pero ningún infante lo ha utilizado. Por el puente han pasado los cañones y demás impedimenta de guerra. Pero toda la brigada, incluidos sus jefes, ha vadeado el río con gran satisfacción.

Por la noche, de no pasar el río a vado, no se nota alivio. Para dormir es necesario tumbarse en la manta directamente sobre el polvo. El cansancio hace indiferente a todo. Pero cuando llega el sueño, empieza lo más infame. Enormes mosquitos rabiosos pican el cuello, la nariz y los tobillos, donde les parece más sabroso. Envidias a los que están en las tiendas, aunque allí el aire es sofocante, teclean las máquinas de escribir, hay hombres, bañados en sudor, que gritan por el teléfono de campaña.

En esta noche nadie puede dormir. El combate se inicia inmediatamente después de la marcha, las unidades apenas tienen tiempo de situarse en las posiciones de partida. A algunas no les quedan ni una hora o dos para descansar antes del ataque.”.[10]

Y ahora pasamos directamente a la acción del regimiento rumano de artillería, relatada por Koltsov:

“Después del mediodía, se desarrolla un pequeño episodio. Desde la retaguardia avanza por la llanura un camión con un remolque. Sin apresurarse mucho, salta tranquilamente por los terrones y se va aproximando a las líneas avanzadas. Al principio nadie se fija en él. Luego todo el mundo empieza a mirarlo. En el camión, una pieza de artillería; en el remolque, obuses.

Mirando con los gemelos, reconocemos este sorprendente combinado de la batería Tahlmann: un viejo cañón del setenta y cinco del siglo XIX tomado del museo -sí, sí, del Museo Histórico militar de Madrid- al principio de la guerra civil. Ahora los republicanos tienen buena artillería, moderna. Pero los jóvenes artilleros franceses no quieren separarse de su viejo. Han pedido conservar el cañón en combate mientras no se venga abajo.

El camión sigue avanzando más y más. Todos esperan, sorprendidos, a ver hasta dónde llegará aún. Los fascistas también esperan –por lo visto, quieren achicharrar a los insolentes de un solo disparo-. Del camión se apartan dos figuras. Hacen un reconocimiento, luego regresan. El camión se para en un montículo -ahora ya se encuentra a unos quinientos metros delante de la vanguardia de infantería-y la venerable pieza de artillería empieza a disparar furiosamente en tiro directo contra las troneras de los fortines fascistas.

Las baterías de Quinto abren un fuego diabólico contra el viejo cañón y sus jóvenes servidores, de un arrojo sin límites. Cada varios segundos desaparece de nuestra vista envuelta en una columna de humo y el corazón se contrae de dolor. Pero al instante entre el humo de nuevo brilla la llama i«Tahlmann» responde!

Cuarenta minutos dura este duelo estremecedor. El cañón dispara toda su dotación de municiones: 120 obuses. Sus últimos disparos se hunden en el estrépito de las baterías republicanas. El tercer potente ataque de fuego -y último- sume a Quinto en el humo y el polvo.”[11].

Quiero añadir a estos dos relatos del episodio de Quinto uno más, escrito en esta ocasión por un español, en unas memorias que reflejan también aquellos años. Se trata del general de aviación Ignacio Hidalgo de Cisneros, jefe de las fuerzas aéreas de la República Española. Antes de comenzar con el fragmento al que me refiero, conviene repasar, aunque sea en unas pocas líneas, la biografía de este admirable hijo del pueblo español que fue Cisneros[12], al que las circunstancias me ofrecieron el privilegio de conocer de cerca.

Baño en el rio tras la toma de Quinto. Fotografia del Archivo de Castilla La Mancha
http://clip.jccm.es/archivo_de_la_imagen/es/micrositios/busqueda.cmd


Procedente de una familia aristocrática, abrazó desde muy joven la carrera militar, siendo atraído por el cuerpo de aviación, que por entonces estaba dando sus primeros pasos en España. En los años 1920-30 participó como aviador militar en la Guerra de Marruecos. Su experiencia en aquella guerra injusta quedó grabada profundamente en su mente, provocando en los años posteriores un cambio de rumbo[13] radical en sus concepciones y su acercamiento a los movimientos progresistas. Así como él mismo remarca con sutileza analítica, recorrió aquel camino en una lucha apasionada y tensa consigo mismo, contra el mundo en el que nació, con los obstáculos insuperables que separaban las dos tendencias halladas, en el momento en el que empieza a tomar sus decisiones, en completo e irreconciliable conflicto. Pisando con firmeza por el camino elegido, contribuyó con todas sus fuerzas físicas, morales e intelectuales a la defensa de la República Española. Tras la heroica lucha en la defensa de Madrid, en la que fue testigo ocular del espíritu de sacrificio y patriotismo de los comunistas, pidió ser admitido en las filas del Partido Comunista de España para, según sus propias palabras, “ser más eficaz en mi puesto de combate”. Desde el V Congreso del Partido Comunista Español (1954) y hasta el momento de su muerte fue miembro de su Comité Central. Hidalgo de Cisneros llevó una existencia luminosa pero sacrificada, como la de los verdaderos patriotas españoles, como la de los más avanzados y buenos hijos de su pueblo que dedicaron toda su energía a la lucha por la liberación nacional de España, un combate por el progreso, la democracia y la paz mundial.

Los últimos años de su vida los pasó como emigrante político en nuestro país, al que conoce y ama, dejando a sus camaradas más cercanos un recuerdo imborrable. Pues este hombre de coraje poco habitual y de una enorme devoción a la causa del pueblo español era a la vez modesto, cordial, honesto y de una cálida sensibilidad.

A continuación el fragmento extraído de su trabajo “Cambio de Rumbo”, aparecida en rumano bajo el título “Cotitura”[14].

"Aunque mi propósito no es describir acciones militares, voy a hacer una excepción y a relatar un hecho de armas sucedido en la toma de Quinto, que dará idea del heroísmo con que allí se luchó.

Las fuerzas del sector de Quinto estaban detenidas frente al pueblo. El batallón Thaelmann se encontraba al descubierto, batido desde las fortificaciones por un nutrido fuego de ametralladora. No podía avanzar, pues nuestra artillería, desde sus posiciones, no lograba destruir los nidos de ametralladora enemigos.

En aquel momento, un camión con un cañón y varios hombres, procedente de nuestra retaguardia, se aproxima al frente, rebasa las primeras líneas y, con gran asombro de los republicanos y de los fascistas que presenciaban aquella maniobra, se dirige hacia las líneas enemigas.

Nuestros soldados, sorprendidos, no saben qué hacer. Algunos, pensando que se trata de traidores que se pasan al enemigo, quieren hacer fuego para impedirlo, pero no se deciden. Por su parte, a los fascistas les ocurre algo parecido. Creyendo que son gente que huye de nuestras filas, no se atreven a disparar contra ellos.

El camión continúa su marcha, llega al llano y, a unos quinientos metros de las fortificaciones, da media vuelta, los artilleros bajan el cañón, lo emplazan contra Quinto y, antes de que el enemigo vuelva de su sorpresa, comienzan a disparar con tiro directo contra las fortificaciones adversarias. Desde los primeros disparos logran disminuir la intensidad del fuego enemigo y, en seguida, silencian definitivamente sus ametralladoras.

La artillería fascista, cuando reacciona, abre fuego contra nuestra pieza. Los proyectiles la envuelven en una gran polvareda, ocultándola a la vista de nuestra gente. Cuando todos creen que el cañón está destruido, y sus servidores, muertos o heridos, ven con entusiasmo que siguen disparando hasta que, agotadas las municiones, lo montan de nuevo en el camión, y regresan, sanos y salvos, a nuestras líneas.

Aquel puñado de valientes, que con su hazaña ayudó eficazmente a la conquista de Quinto, pertenecía al grupo de artillería rumano que tanto se había distinguido ya por su actuación en la batalla de Guadalajara." [15]

Este episodio de la guerra está mencionado también en el libro del más ilustre comandante del ejército republicano, salido del pueblo, Juan Modesto, titulado “Soy del Quinto Regimiento” (“Sint de la regimentul cinci”), bajo cuyo mando supremo combatió el regimiento rumano de artillería motorizada.

El texto es el siguiente: “En la jornada del día 25 lo nuevo en la situación estribaba en que la 102 brigada, en cooperación con la 35 división, había conquistado la estación de Pina y la ermita de Bonastre y se incorporaba al V Cuerpo; la 35 División había vencido la resistencia enemiga en Pourvurell. A diferencia del pico gemelo de su mismo nombre, ésta si que estaba fortificada. Ello hizo que el jefe de la artillería, Valter Roman, rumano, y su comisario Richard, francés, avanzaran a través del llano una pieza ligera que emplazaron en posición abierta para batir aquellos puntos de fuego que entorpecían la acción de nuestras fuerzas, lo que lograron con éxito completo”[16][17]

[1] Entre comillas en el original (Nota de los traductores)
[2] Foamea e cel mai bun bucatar (N.T.)
[3] De la obra póstuma del General Walter “La lucha por la libertad  de España”, Editorial del Ministerio de Defensa Nacional, Varsovia, 1967, pag. 86-87
[4] Loma cercana a Quinto del Ebro, donde los republicanos ubicaron sus posiciones de mando (N.T.)
[5] Idem
[6] Begegnung am Ebro, Willy Bredel, Editorial 10 Mai, Paris, 1939
[7] Se trata del General Walter (Nota del Autor)
[8] Se refiere a batallones de las Brigadas Internacionales (N.T.)
[9] Los nombres utilizados por Willy Bredel en su libro son ficticios. En las condiciones en las que se escribió su libro (1939) no se podían dar datos reales de los participantes (Nota del Autor)
[10] La traducción del libro de Koltsov usada por el autor es Mihai Koltsov, Jurnal din Spania, ESPLA, Cartea Rusa, Bucuresti, 1958. Nosotros hemos utilizado MIhail Koltsov, Diario de la Guerra de España, Planeta, 2009, pag. 563-566
[11] Ibidem
[12] Ignacio Hidalgo de Cisneros, 1894-1966 (Nota del Autor)
[13] Aquí Roman hace un guiño al título del libro memorialístico de Hidalgo de Cisneros, “Cambio de Rumbo”, escrito y publicado en Bucarest en 1966
[14] Ignacio Hidalgo de Cisneros, Cotitura, Editura Política, Bucuresti, 1966 (Nota del Autor)
[15] Ibid.
[16] Juan Modesto, “Soy del Quinto Regimiento”, Colección Ebro, París, 1969, p.128-129. El mismo episodio se relata también en otro trabajo que trata sobre la participación de los voluntarios internacionales en la Guerra Civil Española, entre los cuales leo: “Salud Camaradas”, de Alexander Bekier (antiguo oficial del estado mayor de la División 35), Editorial del Ministerio de Defensa Nacional, Varsovia, 1957, pag.97-98; “Voluntarios de la libertad”, de Sofia Szleyen, Editorial Diezdapowzechna, Varsovia, 1957, pag. 243-244; “Spanelsko Spanelsko”, de Arthur London, Praga, Editorial N.P.L, 1963; “Las Brigadas Internacionales”, de Jacques Delperrie de Bayac, Paris, 1968 (Nota del Autor)
[17] Nuestra traducción en español es de http://otrarepublica.free.fr/espagne/RegimientoModesto.html (N.T.)

miercuri, 16 iulie 2014

Bajo el cielo de España: Capítulo V (Parte final) Sobre la participación rumana en las Brigadas Internacionales

Continuamos con la siguiente entrega (la última) del Capítulo V de nuestra traducción del libro del comunista rumano Valter Roman,  miembro de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española.

Se puede acceder a las partes anteriores en los siguientes enlaces:



LA SANGRE FRÍA DE CRISTEA Y ARBOUSSET

El 24 de julio, cuando los fascistas iniciaron la contraofensiva, el regimiento rumano de artillería contribuyó a rechazar los ataques lanzados por el enemigo en la línea Quijorna-Brunete y, más tarde, a estabilizar el frente republicano.

En el transcurso de estas acciones, los artilleros del regimiento rumano se vieron en muchas
Artilleros rumanos en el Frente del Jarama. En el centro, Nicolae Cristea
ocasiones en situaciones sumamente difíciles.

…Fue el primer día de la contraofensiva fascista. Las baterías habían entablado un feroz duelo de artillería todo a lo largo del frente en que actuaba el regimiento rumano.

De repente, una de las baterías del regimiento cayó bajo el fuego intenso de la artillería enemiga. La situación era aún más grave puesto que un camión con proyectiles acababa de llegar y lo habían descargado junto a la batería.

El inicio del ataque había impedido a los combatientes republicanos poner al abrigo la munición en unas pequeñas zanjas expresamente construidas para estos casos y, en aquellos momentos, los obuses estaban amontonados junto a los cañones. Si hubiera caído sobre ellos un proyectil habría provocado una explosión tan fuerte que habrían saltado por los aires cañones y hombres.

En la batería se produjo un momento de pánico. Nuestros artilleros, en lugar de disparar más lejos para desconcertar de ese modo al enemigo y hacerle cambiar de objetivo, abandonaron los cañones y se escondieron en unas trincheras próximas.

En aquel momento se acercaron a la batería, no obstante, dos jóvenes oficiales: uno era Nicolae Cristea, el otro Samuel Arbousset. Se dieron cuenta de inmediato de la situación, del peligro que amenazaba a la batería. A toda prisa se abalanzaron ambos sobre el montón de obuses y comenzaron a cargarlos en el camión sin prestar atención al fuego del enemigo.

Unos instantes más tarde, enardecidos por la valentía y la sangre fría de los dos comunistas, los artilleros, que poco antes habían perdido el dominio de sí, regresaron de inmediato a sus puestos. Todo el mundo echó una mano para cargar el camión, que fue alejado al punto de la zona peligrosa. La batería reinició de inmediato el fuego; el peligro había pasado.

***

Otro episodio en que se puso de manifiesto la valentía y la abnegación de los combatientes republicanos se produjo igualmente durante la contraofensiva fascista.

El enemigo había logrado en un momento dado cruzar las líneas republicanas. Las fuerzas republicanas se habían replegado a otras posiciones. Sólo una de las baterías antitanque del regimiento rumano de artillería no pudo ser evacuada a tiempo, quedando, de ese modo, entre las dos líneas. La batería estaba integrada por piezas nuevas, soviéticas, de extraordinaria calidad. Su captura por el enemigo habría significado una pérdida tanto moral como material sumamente dolorosa para nosotros, pérdida a la que no podíamos resignarnos. Se decidió recuperar la batería y los artilleros de nuestro regimiento, rumanos, franceses, españoles y de las otras nacionalidades que componían la unidad, se ofrecieron a ir a por la batería y a devolverla a las filas republicanas afrontando todos los riesgos. Al frente iban el comandante del batallón antitanques, un joven profesor español del Sur, y junto a él, Cristea, Pop y Arbousset, nuestros valientes, siempre dispuestos a llegarse allá donde más difíciles estuvieran las cosas. Bajo el fuego de ametralladora enemigo, los artilleros llevaron a buen término su misión: ¡la batería antitanque fue recuperada!


“ES LA HORA DE COMER”

Ese mismo comandante del batallón antitanques está unido al recuerdo de unos sucesos bastantes divertidos ocurridos varios días antes del episodio relatado más arriba.

En un momento dado, los fascistas empezaron a utilizar masivamente la artillería antitanque contra nuestras posiciones. Se dio entonces la orden de que el batallón antitanque de nuestro regimiento respondiera al fuego enemigo ora con una batería, ora con la otra.

El duelo de las baterías antitanque empezó sobre las 11 de la mañana. Alrededor de una hora después, nos percatamos de que nuestra artillería había dejado de repente de disparar. Me encontraba con Arbousset en las cercanías del puesto de mando del batallón; nos dirigimos de inmediato hacía allí a ver qué había pasado. A nuestra pregunta de por qué se había detenido el fuego, que quién lo había ordenado, recibimos la siguiente respuesta, pronunciada con tanta naturalidad que nos dejó pasmados:
 
-Porque es la pausa para comer. ¡Ha llegado la comida!

La respuesta fue tan inesperada que durante unos instantes no supimos cómo reaccionar; estuvimos a punto de estallar de risa por la inocencia del motivo esgrimido, pero se apoderó de nosotros también una furia terrible ante semejante falta de responsabilidad. Sin embargo, de pronto, nos dimos cuenta, atónitos, de que el enemigo también había dejado de disparar. Los artilleros del otro lado también habían suspendido el fuego para comer. Nuestro comandante, pues, tenía razón: había llegado la pausa de la comida para ambos bandos. Fue ésta una de las curiosidades de la guerra de España, característica de aquel periodo, que vi allí por vez primera. Empezábamos a comprender qué era lo que le había hecho decir a Unamuno, al ser preguntado cómo definiría España en pocas palabras, que “España es el país donde lo anormal es normal”.

Pero los momentos y los recuerdos divertidos eran escasos. Lo habitual era la tensión, el peligro, los momentos duros. En tales situaciones, la actitud del general Walter, el comandante de la 35ª división, tenía un enorme poder de movilización sobre los combatientes del regimiento rumano de artillería. El extraordinario arrojo de que daba muestras el general Walter en cualquier fase de la batalla, ya fuera en la conducción de las tropas al ataque, ya en la organización de la resistencia contra las avalanchas enemigas, despertaba la admiración de todos los soldados.

Voy a referirme aquí a un suceso acaecido durante los combates de Brunete, a una de las innumerables ocasiones que sirven de testimonio de la extraordinaria valentía, de la presencia de espíritu y la calma que demostraba aquel gran luchador.

Fue en el mismo periodo de la contraofensiva de los fascistas. Con fuerzas de refresco y muy superiores en número, los fascistas atacaron a las tropas republicanas agotadas por los combates y lograron romper el frente. La brecha fue tan grave que el mando de la 35ª división quedó al descubierto. En el puesto de mando se encontraba en general Walter. Éste convocó de urgencia a los oficiales del estado mayor de la división y les ordenó que se detuviera a los soldados que habían empezado a retirarse y se les llevara a las primeras filas. Al regimiento rumano de artillería se le encomendó la misión de abrir fuego directo con dos de las baterías del regimiento sobre las tropas fascistas y los tanques que avanzaban. En cumplimiento de la orden, dos de las baterías del regimiento tomaron posiciones a derecha e izquierda del puesto de mando y, de inmediato, sin cobertura de la infantería, comenzaron a disparar sobre el enemigo.

Al mismo tiempo, el general Walter disparaba sin pausa sobre los fascistas con una ametralladora “Maxim”. Él mismo en persona se convirtió así en primera línea de las fuerzas republicanas y su puesto de mando se transformó en el puesto de combate republicano más avanzado. De esa manera se detuvo al enemigo hasta que los oficiales de la división consiguieron reagrupar las fuerzas y restablecer la línea republicana.

El dominio de sí mismo y el valor del comandante de la división llenaron de entusiasmo a todos los combatientes, desde el primer oficial al último soldado.

En general Walter tenía en alta estima al regimiento rumano de artillería. Por los hechos de armas acometidos en el transcurso de los combates de Brunete, el regimiento rumano fue citado en varias ocasiones en el orden del día del frente.

En el número de 7 de agosto de 1937 de la revista semanal Pasaremos de la XI brigada internacional, en el artículo “Nuestra artillería...”, se vertían las siguiente consideraciones sobre la participación de la unidad rumana de artillería en la batalla de Brunete:

“Cuando la XI brigada internacional desplegó sus fuerzas para participar en los combates de Brunete, el regimiento rumano de artillería, junto con las baterías antitanque que quedaron bajo su mando en el transcurso de la batalla, cumplieron de lleno y con éxito su deber.

Los días 25 y 26 de junio, durante el contraataque fascista, nuestro regimiento de artillería escribió nuevas páginas gloriosas en su historial. En gran parte, nuestras baterías desbarataron la presión violenta y continua que mantenían las tropas de Franco sobre los altos de Brunete, haciendo que se tambalearan las tropas fascistas.

Nuestro regimiento de artillería cumplió de nuevo con su deber en los últimos combates.

El documento sobre las obras de fortificación que encontramos al ocupar Quijorna (una orden secreta del estado mayor del ejército fascista) nos muestra la opinión del enemigo sobre nuestra artillería; en las instrucciones de esta orden secreta se dispone la reconstrucción de las obras de fortificación, gravemente dañadas por la artillería republicana de la que formaba parte el regimiento rumano de artillería.

Los fascistas tuvieron que habérselas de nuevo con el regimiento rumano de artillería: el despreciado y denostado batallón rumano de artillería, cuya destrucción anunció toda la prensa italiana tras la batalla de Guadalajara, dio cumplida repuesta una vez más a los fascistas con su activa y enérgica presencia en este frente.

Las tropas mercenarias de los capitalistas fascistas hubieron de padecer nuevamente las consecuencias del fuego de nuestra artillería. Los camaradas de la infantería pueden tener confianza en nuestra artillería.

Advertimos a los fascistas de que el regimiento rumano de artillería seguirá luchando junto con nuestra brigada en los campos de batalla y disparando a la bestia fascista hasta su total aplastamiento.”


LOS SOLDADOS DE INFANTERÍA RUMANOS EN BRUNETE

En la batalla de Brunete tomaron parte, además del regimiento rumano de artillería, la 4ª compañía de ametralladoras de los voluntarios rumanos del batallón “Diacovici”.

Soldados republicanos en Brunete
Los primeros días de la batalla de Brunete, el batallón “Diacovici” se encontraba en el sector de Villanueva de la Cañada, como reserva de la XV brigada. Tras la ocupación de localidad por las unidades de las brigadas internacionales XIII y XV, al batallón “Diacovici” le correspondió la misión de consolidar las posiciones conquistadas y de ampliar el frente hacia Brunete.

La mayoría de los voluntarios rumanos de la 4ª compañía de ametralladoras recibió en aquella batalla su bautizo de fuego. Su odio hacia el fascismo y su determinación de aniquilarlo aumentaron al convertirse en testigos oculares de las atrocidades cometidas por los fascistas, cuando vieron los pérfidos medios de combate que empleaban.

En las cercanías de Villanueva de la Cañada, los voluntarios rumanos se dieron de bruces con un espectáculo inesperado. Sobre las trincheras enemigas pudieron ver una fila ininterrumpida de seres humanos, de mujeres y niños. Los fascistas les habían forzado a permanecer allí para impedir de ese modo que las tropas republicanas dispararan. Para preservar las vidas de aquellos inocentes los republicanos atacaban por el flanco. La localidad fue ocupada. En su avance, los soldados republicanos se encontraron los cuerpos horriblemente mutilados de algunos camaradas que habían caído heridos en el transcurso de los combates.  Era la obra de los que iban a implantar un “nuevo orden” en el mundo. Y es que entre las “inocentes distracciones” de los fascistas se contaba la de torturar salvajemente hasta la muerte a los heridos, a quienes les sacaban los ojos, les cortaban la lengua, etc., según el grado de fantasía de los verdugos. Los horrores cometidos por los fascistas durante la guerra de España, preludio de sus futuros desmanes, trajeron a la memoria de los voluntarios rumanos los artículos escritos por Nicolae Iorga ya en 1933, cuando llamaba la atención sobre el gran peligro que provenía de ese “espíritu que anima hoy a una juventud alemana educada en la más abominable de las enseñanzas del odio hacia los hombres, en la más disparatada de las conductas, la de una nueva supremacía de raza, la pura teutónica, bajo la que crujirán los huesos de los pueblos inferiores, de sangre mestiza y sin derecho a una existencia libre.”

Nuestros voluntarios permanecieron en el sector de Villanueva de la Cañada algo más de una semana, tras lo cual el batallón “Diacovici” fue enviado a desalojar a los fascistas de una posición fortificada que se encontraba en la carretera Las Rozas-Madrid. Se trataba de una posición importante que dominaba una gran franja de territorio y daba a los fascistas la posibilidad de detener el avance de las tropas republicanas.

La operación militar que debía ejecutar el batallón era difícil. El comisario político, rodeado de sus hombres, les explicaba la importancia de la acción, los movilizaba. Para cada uno tenía un consejo, una palabra de aliento. “Atacad con valor, pero no os expongáis inútilmente –les decía a los soldados-, porque muchos, con el fervor del combate, olvidan toda prudencia, lo cual hace que aumente el número de muertos y heridos. La vida de cada combatiente es de extraordinario valor para la República. En nuestra situación, morir equivale a desertar”. Y les enseñaba cómo ponerse a cubierto, cómo defenderse.

Comenzó el ataque. Las tropas republicanas trataron de tomar la posición por la derecha pero fueron rechazadas. Se lanzaron de nuevo al ataque. En esta ocasión, la fortificación fue atacada por el flanco izquierdo. Junto a otros combatientes antifascistas, los voluntarios rumanos lucharon con valor. Muchos de ellos –entre los que se encontraba Mihai Burcă, comandante de la compañía “Grivița Roja”[1]- resultaron gravemente heridos. Pero la posición fue arrancada de manos de los fascistas.

La misión confiada a los combatientes del batallón “Diacovici” fue cumplida. Al día siguiente, otras tropas republicanas les sustituyeron.

Como ya he señalado, además de los voluntarios rumanos que formaban parte de las unidades rumanas constituidas, otros antifascistas rumanos combatían valientemente en distintas unidades internacionales. Los voluntarios de la XIII brigada internacional conservan el recuerdo de una hazaña realizada en el transcurso de los combates de Brunete por un camarada de armas rumano que luchó en sus filas, el estudiante de Iaşi L. Țicu, teniente de caballería en el ejército republicano. 

Así fueron las circunstancias en que la llevó a cabo:

Tras ocupar la localidad de Villanueva de la Cañada, la XIII brigada recibió la orden de avanzar y de ocupar las colinas de Romanillos. El enemigo había sufrido grandes pérdidas pero, tras recibir refuerzos, había logrado parar la ofensiva de las tropas republicanas en aquel sector.

Prácticamente rodeados por los fascistas, los brigadistas internacionales, sin reservas y con las municiones en las últimas, se mantenían, no obstante, en sus posiciones. Las tropas de Franco les habían atacado en varias ocasiones, pero sin éxito.

Una noche los fascistas atacaron el flanco derecho republicano y consiguieron abrir una pequeña brecha. Si esa brecha se hubiera ampliado, los republicanos se habrían visto obligados a ceder sus posiciones.

Se necesitaban hombres a toda costa para contener el ataque enemigo hasta que la brecha pudiera cubrirse.

Debido a las pérdidas sufridas, ninguna de las unidades republicanas estaba completa y apenas conseguía cubrir el frente que se le había encomendado. Al comandante de la brigada no le quedó otra solución que echar mano hasta de los hombres que trabajaban en el estado mayor de la misma.

Entre éstos, nuestro compatriota fue el primero que pidió que se le enviara a aquel punto tan peligroso del frente donde se había producido la brecha. Hacia allí se dirigió junto con otros cuatro camaradas. Aprovechando una posición favorable, los cinco hombres, armados con una única ametralladora, mantuvieron a raya al enemigo toda una noche. Al día siguiente, de madrugada, una compañía llegada de otra parte cubrió la brecha.

Țicu, herido en combate, se negó a ser evacuado, consciente de que, en la situación en que se encontraban, cada hombre de menos significaba una pérdida de consideración para la defensa de la posición. Cuando, por orden del comandante, fue evacuado, ya era demasiado tarde.

Así entendían los voluntarios rumanos, templados y educados por nuestro partido, la lucha contra el fascismo: una entrega llena de valor y determinación, incluso al precio de su propia vida.     

***

La batalla de Brunete marcó el final de un año de combates encarnizados y terribles en las afueras de la capital y a lo largo de las carreteras que conducían a ella desde todos los rincones de España. Atacado desde el sur y el oeste, desde el este y el norte, Madrid había resistido todos los ataques, había rechazado a todos los atacantes, había pasado al contraataque y a la ofensiva victoriosa.

El enemigo se vio obligado a aceptar que no iba a poder cruzar la barrera inexpugnable levantada alrededor de la capital de España, convertida ya por entonces en símbolo de la lucha por la libertad. Los republicanos demostraron que sabían plantar cara al enemigo y golpearle con dureza. Al mismo tiempo, sin embargo, se había puesto de manifiesto que no podían aplastarlo mientras los intervencionistas siguieran bombeando armamento, municiones y hombres al bando rebelde y el sedicente Comité de no Intervención pusiera todo tipo de obstáculos a las vías de aprovisionamiento de armas hacia la España republicana.     

A esas conclusiones, más o menos, llegamos a principios del mes de agosto durante una conversación amigable que tuvo lugar en el despacho de Renn, en la que también participaron Gustav Regler y Bodo Uhse y en la que tratamos de hacer el balance de un año desde el comienzo de la guerra en España.

-En lo que a nosotros toca, los miembros de las Brigadas Internacionales –decía Renn-, creo que podemos estar orgullosos de haber salvado Madrid.

Ya le había escuchado en otras ocasiones pronunciarse de manera semejante, pero quizá nunca de una forma tan categórica que me obligase a responderle:

-Quizá quieras decir que “hemos contribuido” a salvar Madrid… De acuerdo. Pero pretender que nosotros hemos salvado Madrid sería injusto desde dos puntos de vista: en primer lugar, porque no corresponde a la verdad. Nosotros, los que estamos aquí, somos día a día testigos del gigantesco heroísmo del pueblo español, de su enorme esfuerzo por defender la República; y en segundo lugar, porque políticamente es un error: es precisamente la tesis a la que se aferran los fascistas para “justificar” su intervención.

Renn no respondió y, por una de esas inesperadas asociaciones de ideas que le eran propias, comenzó a decirnos algo sobre el Congreso de escritores antifascistas.


EL CONGRESO INTERNACIONAL DE ESCRITORES ANTIFASCISTAS DE VALENCIA

El Congreso de Escritores Antifascistas que se celebró a principios del mes de julio de 1937 representó un acontecimiento de extraordinaria significación para la cultura. Participaron en aquel Congreso valiosos intelectuales españoles: José Bergamín, Rafael Alberti, María Teresa León y otros, así como distinguidos escritores de 28 países, entre los que se encontraban Ernest Hemingway, Martin Andersen Nexø, Alexéi Tolstói, Ilyá Ehrenburg, John Dos Passos, Anna Seghers, Tristan Tzara, Julien Benda, Jean-Richard Bloch, Nicolás Guillén, Juan Marinello, e innumerables escritores que se encontraban en España luchando por la libertad o como reporteros de guerra: André Malraux, Egon Erwin Kisch, Erich Weinert, Willi Bredel, Nordahl Grieg, Mijaíl Koltsov, Ludwig Renn, Gustav Regler, Bodo Uhse y muchos otros.

Renn había abandonado a toda prisa el Congreso, en medio de los trabajos, debido al inicio de la ofensiva de Brunete. Por este motivo nos pudimos enterar también nosotros de algunas de las cuestiones que se habían planteado.

Regler y Hemingway en el frente
Bodo Uhse, escritor alemán que había llegado al movimiento progresista después de mucho errar en su primera juventud y que ahora luchaba con las armas en la mano en la XI brigada internacional por la causa de la libertad, nos contó emocionado las innumerables muestras de simpatía hacia el pueblo español que había provocado el Congreso. Gustav Regler nos comentó el modo en que se había abordado el problema de la verdad en el arte. “Quedó claro –nos decía- que la libertad en el arte es la libertad de la verdad en el arte. Naturalmente, reflejar la verdad no significa amontonar un cierto número de hechos con arreglo a una fórmula o una receta. Se trata de penetrar en la esencia de los fenómenos: éste es el auténtico conocimiento artístico libre, pleno. El verdadero artista es un artista-investigador, ésa fue la conclusión de los participantes. Y en relación con ello se debatió la cuestión de la importancia de conocer la realidad española –el enfrentamiento entre las fuerzas del progreso y de la reacción- y la obligación del verdadero artista de tomar partido… Fue sumamente interesente. Y fue para nosotros una gran alegría ver que lo más avanzado y valioso de la humanidad en términos de pensamiento estaba allí, a nuestro lado.”

Mientras cada cual pensaba en las cosas que había oído, Regler añadió:
                   
-¿Sabéis que nosotros, en la XII brigada, hemos leído a los hombres los mensajes que enviaron al Congreso Albert Einstein y Romain Rolland? Produjeron una impresión extraordinaria. Escuchad un instante un pasaje del saludo de Rolland:

“Yo envío a los camaradas escritores reunidos en Valencia, Madrid y Barcelona, mis más ardientes saludos. En estas capitales está reunida en estos momentos la civilización del mundo amenazada por los aviones y las bombas de los bárbaros fascistas, como lo estuvo en la Antigüedad por la invasión de los bárbaros...

Con fervor, nos unimos a nuestros hermanos y camaradas de lucha de España. ¡Gloria a ese pueblo de héroes, a esos caballeros del espíritu, a esta alianza de dos fuerzas: el poder de las masas populares y la de sus elegidos!... ¡Que esta alianza fortalecida en el combate asegure el progreso y la libertad del mundo!”

-¿Y qué decís del mensaje de Einstein?

“En los acontecimientos políticos actuales, la lucha del pueblo español por la libertad y la dignidad del hombre es de un valor extraordinario para mantener nuestra esperanza en tiempos mejores. Esa lucha hubiera obtenido desde hace mucho tiempo el fin que merece si las potencias democráticas hubieran actuado según los principios de la moral, e incluso según las necesidades de su propia seguridad. ¿Reconocerán al fin los pueblos libres que deben aliarse tan estrechamente como lo están los enemigos de la humanidad?”

-Tiene toda la razón –dijo Bodo Uhse, pensativo-. Si las potencias occidentales actuasen con arreglo a la moral o, simplemente, con arreglo a sus propios intereses… Pero ayudan a Hitler y a Mussolini y caerán víctimas de su propia miopía.


[1] El nombre de la compañía alude a la gran huelga de febrero de 1933 en los talleres ferroviarios de Griviţa, en Bucarest, huelga reprimida por el ejército con el saldo de siete obreros muertos. [N. de los t.]

vineri, 4 iulie 2014

Bajo el cielo de España: Capítulo V (8ª Parte) Sobre la participación rumana en las Brigadas Internacionales

Continuamos con la siguiente entrega del Capítulo V de nuestra traducción del libro del comunista rumano Valter Roman,  miembro de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española. Se puede acceder a las partes anteriores en los siguientes enlaces:


  
COLECTIVO VALAKIA ROJA (VKR)
   
EL NORTE REPUBLICANO EN PELIGRO     

Casi simultáneamente a las acciones que se desarrollaban en el sur de España, Franco emprendió una
Noticia en la prensa rumana:  "Se ha constituido  en España el grupo de artillería
"Gheorghiu Dej" Los voluntarios rumanos reivindican el éxito de los
combates de Brunete"
ofensiva contra el norte. El ataque contra la ciudad de Bilbao empezó el 31 de marzo. Los franquistas disponían para dicha acción de 50.000 hombres y de unas 40 baterías de artillería; además contaban con el apoyo de toda su aviación y de todos sus tanques, concentrados en aquel sector para llevar a cabo la acción proyectada.


A esta masiva concentración de tropas y armamento, los republicanos opusieron un número mucho más reducido de hombres, mal organizados y aún peor armados. Los éxitos obtenidos en el frente de Madrid en lo que hacía a la creación de un ejército regular, movido por un férreo espíritu de disciplina, no habían llegado hasta allí. Los republicanos estaban en aquel frente en una situación de neta inferioridad, agravada aún más por el desarrollo de la guerra. El envío de tropas regulares en su apoyo se reveló prácticamente imposible.

A pesar de todas las derrotas sufridas por los fascistas, la situación de la España republicana seguía siendo difícil. Algunos dirigentes de los diferentes partidos que participaban en el gobierno (republicanos burgueses y nacionalistas, anarquistas y socialistas) estaban a favor de poner fin a la resistencia, de detener la guerra.

Para socorrer al norte, en toda España se lanzó la consigna: “Atacar para salvar Bilbao”. Pero mientas los republicanos hacían todo lo posible para organizar acciones militares que obligaran a los fascistas a dirigirse a otros frentes, una parte de las fuerzas que presionaban en el norte, la “quinta columna”, intensificó sus actividades con la intención de provocar una rebelión en la retaguardia.

Las acciones traidoras culminaron con la rebelión que estalló en Barcelona el 3 de mayo de 1937. La rebelión, tramada por la “quinta columna” y unos cuantos anarquistas extremistas, fue ahogada en sus inicios, no obstante, por las fuerzas populares. Aquellos acontecimientos, aunque pusieron en grave peligro a la República, desempeñaron un papel positivo: demostraron e impusieron la necesidad incrementar la vigilancia, demostraron la justeza de la política del Partido Comunista de España y de sus consignas.

Bajo la presión de las masas, el gobierno de Largo Caballero se vio obligado a dimitir. La indulgencia de que había dado muestras para con los saboteadores, las debilidades y las manifiestas indecisiones en relación con la conducción de la guerra contra los fascistas habían desencadenado la ira popular. Le sucedió en la dirección del país un nuevo gobierno frentista, a cuya cabeza estaba el socialista Dr. Juan Negrín.           

Las ofensivas militares de Valsaín, en la Sierra de Guadarrama, y de Huesca, en Aragón, llevadas a cabo por los republicanos tras la liquidación del golpe de Barcelona con el objetivo de ayudar a la zona norte, no tuvieron consecuencias importantes: el enemigo logró resistirlas con reservas locales. Los malos resultados obtenidos se explican por el insuficiente armamento de que disponían las tropas antifascistas en relación con los objetivos perseguidos, debido al endurecimiento del boicot impuesto por los países imperialistas contra la España republicana al amparo de la política de “no intervención”, así como por las deficiencias organizativas causadas por la nefasta política del gobierno de Largo Caballero.

La situación de los republicanos era tanto más grave cuanto más intensamente se hacían notar los efectos de las acciones enemigas y de la propaganda puesta en circulación por la “quinta columna”. Los brigadistas internacionales que lucharon en Valsaín y en Huesca se sintieron observados con desconfianza y falta de simpatía. En algunos medios se había dado crédito al rumor que hizo correr el enemigo, según el cual se había confiado a los voluntarios internacionales la tarea de castigar a los anarquistas. Hizo falta tiempo y un intenso trabajo político para que se desvanecieran las sospechas. El servicio de espionaje enemigo trabajaba sin descanso; los traidores pululaban por todas partes. Los fascistas se enteraban de los movimientos de las tropas republicanas casi al mismo tiempo en que se producían. El plan republicano de atacar por sorpresa Huesca se fue así al traste.

Pero, a pesar de las abrumadoras dificultades, a pesar de la consternación producida en las filas del ejército republicano por la muerte del general Lukács –Máté Zalka-, caído en combate en vísperas de la batalla de Huesca, las fuerzas leales daban muestras de una valentía sin límites, de un heroísmo impresionante. Estas cualidades del ejército republicano se pusieron singularmente de manifiesto en los meses siguientes en las batallas de Brunete y de Zaragoza, en Aragón y en el Ebro.

GUERNICA: “EL GUERNICA”

La destrucción de las ciudades vascas de Guernica y Durango por parte de la aviación hitleriana provocó la indignación internacional, nos indignó sobremanera. Jamás he podido entender el sentido de ese acto de barbarie sin parangón. Guernica carecía por completo de relevancia en el sistema de defensa republicano y ni siquiera estaba defendida por las tropas republicanas. Fue un acto manifiesto de venganza y una amenaza brutal para tratar de quebrar la voluntad de resistencia del pueblo español.

Mucho se escribió entonces, y desde entonces, sobre lo que ocurrió en Guernica en la guerra. La prensa fascista trató entonces y ha seguido tratando, en innumerables ocasiones, de esconder, de falsificar la verdad. Pero lo cierto es que la verdad ha conseguido penetrar y atravesar, también en España, el grueso muro de la mentira franquista. La prueba más elocuente en ese sentido es la aparición de un libro sobre Guernica incluso en la España franquista. Se trata del libro “Arde Guernica” del periodista español Vicente Talón. Este libro ha llegado a mis manos mientras trabajaba en los últimos retoques de la presente obra. Sobre la base de una amplia documentación, se demuestra que Guernica fue destruida no por las tropas republicanas sino por la principal unidad de la aviación hitleriana, la Legión “Cóndor”.

Este libro es un testimonio categórico de la tragedia española y del crimen fascista cometido en Guernica, surgido de la pluma de alguien a quien, no obstante, no cabe culpar de simpatías republicanas.

Pero nadie consiguió mostrar mejor, más expresivamente, de manera más grandiosa y real, el enorme drama español de Guernica, la crueldad bestial de los fascistas, que el gran pintor de nuestra época, de origen español: Pablo Picasso.

En plena guerra, al poco de que Hitler, Mussolini y Franco cometieran el crimen, Picasso pintó el famoso cuadro, innegablemente una de las obras maestras del arte universal: “El Guernica”.

Como escribió Fernando de la Vega, “El Guernica” es uno de los cuadros más importantes de Picasso, inspirado por la indignación ante el crimen de Guernica. Aunque la memoria de las gentes tienda a olvidar las muchas muestras de crueldad reaccionaria y fascista, todos los hombres y mujeres de bien recordarán durante siglos el nombre de Guernica, la ciudad sagrada de los vascos, borrada de la superficie de la tierra por la aviación alemana; recordarán la primera ciudad del mundo moderno reducida a un montón de ruinas por la ciega vesania de quienes deseaban imponer su poder sobre pilas de cadáveres de hombres y mujeres sencillos e inermes.     
         
El grito de indignación del pintor ante aquel crimen abominable fue el cuadro que, en la Exposición Internacional de 1937 de París, se erigió en la más formidable acusación que se podía presentar contra los verdugos de España en un mundo indiferente e indefenso ante el franquismo y el fascismo internacional. Sus dimensiones son imponentes: casi ocho metros de largo por tres y medio de alto. Es un monumento imperecedero del que apenas si se puede apartar la vista y que, aunque denostado, ejercerá por siempre un efecto revulsivo sobre el alma, inspirará un pensamiento de solidaridad para con los inocentes, de odio hacia los culpables y de admiración por quienes luchan.

El tema del cuadro es el siguiente: la parte izquierda está dominada por un toro indiferente, inmóvil. ¿Qué nos sugiere este ser que preside con frialdad y alejamiento la matanza que le rodea y que no ve? ¿No representa ese toro orgulloso el rasgo dominante del carácter español, que no se deja descorazonar por la desgracia, que no ceja en la lucha aunque se vea, frente a frente, ante un enemigo superior en número y posibilidades materiales? El toro ibérico bivalente, que no se inmuta, que no se humilla, que no renuncia a la soberbia orgullosa del hidalgo, vestido de harapos.

En la parte derecha, en el centro, parece abrirse una ventana hacia el mundo exterior de donde surge una figura de perfil clásico que se diría viene de muy lejos, de países remotos cuya lejanía está sugerida por ese cuello que se estiliza y prolonga como los raíles del tren, que se unen en un horizonte que nunca se alcanza. Por encima de esta cabeza, un brazo larguísimo cuyo puño cerrado blande, como si de una bandera se tratara, una pobre lámpara de petróleo, pobre como los medios económicos de los antifascistas del mundo entero, que deseaban despertar de su somnolencia a unos hombres que no querían asomarse al espejo de España para ver en él el futuro que se avecinaba.

En el centro, bajo la lámpara, un caballo con una lanza en un costado relincha de dolor y su relincho brota de su boca como una espina; caballo herido gravemente por el pérfido picador, víctima inocente de la corrida mortal que tenía lugar en aquella plaza ibérica envuelta en crespón negro.

Bajo los cascos del caballo, el luchador muerto, con la espada rota en una mano y con la otra mano tratando de atrapar al enemigo, en gesto de lucha hasta el último momento.

No creo que pintura alguna pueda volver a crear una imagen más desgarradora que la de la madre que está bajo el toro. El niño muerto, con su cuerpecillo transformado en una maraña de líneas, tan despojado de materialidad como sus propios miembros, dormidos para siempre. La nariz no está en su lugar, se diría que cuelga de la faz inerte; ¿puede ser la cara de un muerto igual que la de una persona viva?... Y encima del niño, la madre, con el rostro extraviado, con los rasgos descompuestos, además de la boca abierta que deja escapar un grito, mezcla desgarradora de dolor y de odio salvaje.

A la derecha del caballo, bajo la cabeza que entra en la habitación, una mujer joven –juventud golpeada por una muerte prematura en una guerra deseada por otros- parece arrastrarse sin fuerzas hacia la luz que viene de fuera, hacia esa esperanza, justicia y concordia que no llegarán nunca. Sus pies son enormes, pies pesados de cansancio de los que tira hacia sí una tierra que se diría deseosa de enterrar la prometedora juventud de España.

Por fin, en la parte derecha del cuadro, entre llamas que devoran casas y muebles, otro hombre lanza igualmente su grito de muerte, aullido de dolor, inútil llamada de socorro.

Esta sería, a mi parecer, una de las interpretaciones más verídicas. Naturalmente, el lector tiene todo el derecho de no estar de acuerdo con ella. Una de las cualidades de la obra de arte es la de sugerir en cada ser humano un sentimiento, una emoción al unísono con la disposición interior de éste que puede diferir en mucho de la del prójimo y que, sin embargo, es tan valiosa como cualquier otra. Pero incluso para ese lector que no comparta mi interpretación, el cuadro ha cumplido su objetivo pues le ha hecho pensar, reflexionar sobre el momento histórico de Guernica. Este cuadro, aunque no guste a todo el mundo, obliga a una contemplación despaciosa, prolongada, con el pensamiento puesto en España, en la agresión del fascismo internacional, siendo como es una fructuosa contribución, de excepcional profundidad, del gran pintor Pablo Picasso a la lucha llena de dignidad y valor del pueblo español contra el fascismo.            
Miembros del ejército popular en la Batalla de Brunete

LOS REPUBLICANOS ATACAN EN BRUNETE

Fracasados los planes de conquistar Madrid y el golpe de estado de Barcelona, Franco pasó el 18 de junio de 1937 a la ofensiva en el frente del norte de España con el objetivo de liquidar aquella zona republicana. Desde el principio de la guerra, además de Madrid, había quedado también bajo control de los republicanos una parte de Asturias y del País Vasco, zona que comprendía los puertos de Gijón, Santander y Bilbao en la costa del golfo de Vizcaya. Entre estas dos zonas republicanas no existía comunicación terrestre.

En condiciones extremadamente difíciles, las fuerzas republicanas del norte, mal armadas, carentes casi por completo de artillería, tanques y aviación, entre actos de heroísmo sublime, hicieron frente al poderoso asalto de los fascistas durante casi dos meses. Pero la lucha fue muy desigual. El 19 de junio Bilbao fue ocupado por los fascistas. Envalentonados por el éxito y deseosos de explotar al máximo la situación de inferioridad en hombres y armamento de las tropas republicanas de aquel sector, los fascistas se prepararon entonces para conquistar la localidad de Santander. Todo estaba dispuesto para desencadenar una nueva ofensiva a principios del mes de julio.

Los republicanos estaban, no obstante, decididos a arrancar la iniciativa de las manos de los fascistas, atacando primero y obligando al enemigo a combatir en el momento y lugar que ellos eligieran. Con la ofensiva que proyectaba, el mando republicano pretendía asestar un poderoso golpe a todos los destacamentos fascistas que asediaban Madrid y obligar al mismo tiempo al enemigo a retirar sus tropas del norte.

El plan republicano preveía avanzar rápidamente en dirección a Brunete y Navalcarnero, cruzar el Guadarrama, ocupar los altos del Mosquito y Romanillos, y avanzar hacia Boadilla del Monte. Dicho plan habría permitido atacar por la espalda las posiciones fascistas de Las Rozas, la Casa de Campo y la Ciudad Universitaria.

Para llevar a cabo ese plan, el mando republicano disponía de casi 50.000 hombres y de cantidades de armamento relativamente importantes en comparación con las empleadas en otras acciones. Tomaron parte en la acción principal dos cuerpos de ejército, uno dirigido por Modesto, el otro por Jurado; un tercer cuerpo de ejército se reservó para la acción secundaria. Toda la aviación que participó en la acción operó bajo el mando del coronel Hidalgo de Cisneros.

En la acción principal tomaron parte asimismo tres de las brigadas internacionales, las XI, XIII y XV; las brigadas XII y 150 formaron parte de la reserva.

Entre los brigadistas internacionales que participaron en la acción principal se contaban también los artilleros rumanos. Desde aquella fecha luchábamos encuadrados en una unidad mayor: el grupo rumano de artillería se había transformado en un regimiento. Las cosas sucedieron del modo siguiente: en el transcurso de la batalla del Jarama –como he señalado en el capítulo correspondiente-, tras la reorganización de las unidades del ejército republicano, las brigadas internacionales XI y XV, junto con dos brigadas españolas, fueron agrupadas en la división B (que se convirtió así en la 35ª división internacional). Más tarde se decidió que un regimiento de artillería se incorporara a la división. El comandante de la XI brigada, por aquel entonces Richard Staimer, su comisario político, en ese momento Heinrich Rau, y el jefe del estado mayor, Ludwig Renn, propusieron que el batallón rumano de artillería, cuya capacidad de combate había quedado sobradamente contrastada en el transcurso de dos grandes batallas, fuese transformado en un regimiento e incorporado a la división.

El general Walter, comandante de la 35ª división, tras la inspección del batallón, mostró su acuerdo con la propuesta. Por decisión del comisariado general de las brigadas internacionales, se pasó a la organización de la nueva unidad. El grupo de artillería, completado con unas cuantas baterías, entre las que había 3 baterías nuevas antitanque españolas (un batallón), se convirtió así, en los albores de la batalla de Brunete, en un regimiento.

NICU POP “RECLUTA” NUEVOS VOLUNTARIOS

Los rumanos de otras unidades, enterados de la creación de nuestro regimiento, manifestaron por diferentes vías su deseo de luchar en las filas del mismo. Un día, estando yo en Almansa, me encontré con un grupo de rumanos entre quienes se encontraba nuestro conocido escultor Vida Gheza. Los voluntarios rumanos me dijeron que los habían destinado a la batería “Rosa Luxemburgo”, pero que habrían deseado incorporarse a nuestra unidad, y me pidieron que tratara de resolver la cuestión. Les expliqué que la organización del regimiento aún no había concluido y que, en su momento, trataríamos de satisfacer su deseo. Conseguido el acuerdo de principio en ese sentido, Nicolae Pop fue enviado a Almansa, en nombre del regimiento, para resolver el problema. Una vez allí, no encontró, sin embargo, a los artilleros rumanos, que habían partido la víspera en tren hacia otro destino. Pop, en camión, les siguió los pasos, y la noche siguiente, en una estación en que permanecía detenido el tren que llevaba a los miembros de la batería “Rosa Luxemburgo”, nuestros voluntarios, de repente, le oyeron gritar a la puerta del vagón:

-¡Eh! ¿Hay algún rumano por ahí?
Algunas voces respondieron:
-Sí, muchos.
-¡Venga, coged vuestras cosas y venid conmigo!
Era el modo, muy suyo, que tenía Nicu Pop de simplificar al máximo las formalidades. Pero a los voluntarios les entraron las dudas:
-Vale, pero, ¿así, tal cual? ¿Desertamos de la unidad?
- A ver, ¿tenéis cañones?
-No muchos…
-Entonces, ¿qué hacéis ahí? Nosotros sí tenemos cañones… así que, si queréis luchar, rapidito al camión. La “deserción” para ir al frente no es deserción sino todo lo contrario.

"Albañil"; escultura de Gheza Vida, escultor
comunista, miembro de las BBII.

Más tarde, las cosas se arreglaron, naturalmente, como mandaban los cánones. Y nuestro regimiento participó en los combates que siguieron con los nuevos efectivos rumanos “enganchados” por nuestro Nicu.
***
Poco antes de la batalla del Ebro, otro grupo de rumanos, encuadrados en la 45ª división, nos solicitó incorporarse a nuestra unidad. Desde aquel momento fueron transferidos oficialmente y, de ese modo, lucharon en el Ebro en las filas del regimiento rumano Mihail Florescu, Andrei Sas Dragoș, Andrei Micu[1], Nicolae Moraru, Iuliu Demeter y muchos otros. 

Al enumerar las unidades que tomaron parte en la acción principal en el frente de Brunete, Luigi Longo señala en su libro citado ya varias veces hasta ahora: “Estaban presentes con su armamento el grupo internacional de artillería, el regimiento rumano de artillería, el segundo grupo de artillería “Skoda”, un nuevo grupo de baterías internacionales, el primer regimiento internacional de tanques y varios escuadrones de caballería”[2].

En las unidades, los comisarios políticos movilizaban a los combatientes para la acción que se planeaba, explicándoles su importancia para el desarrollo de la guerra. “Es la primera gran ofensiva que prepara la República –decían-. Disponemos para esta acción de 50.000 hombres y de los mejores militares: divisiones españolas y las brigadas internacionales. Si lo conseguimos, y debemos conseguirlo, los fascistas se verán obligados a retirarse de los alrededores de Madrid y ya no podrán seguir bombardeando la capital con su artillería. Al mismo tiempo, vamos a obligar a Franco a desplazar aquí los aviones, tanques y ametralladoras del norte. Es la única manera que tenemos de ayudar a nuestros camaradas asturianos y vascos, de salvar de la masacre fascista a las mujeres, niños y ancianos de Santander y Guernica. En Guadalajara pusimos en fuga a los camisas negras. ¡Enseñemos a los fascistas de nuevo de qué somos capaces!”

¡Y los soldados de la libertad se mostraron capaces de realizar milagros de heroísmo!

La realización del plan del estado mayor general quedó encomendada a los comandantes españoles, entre los que se encontraba Modesto, que cumplieron de modo brillante la misión que se les encargó. El peso de las operaciones recayó sobre las fuerzas españolas y, en especial, sobre el 5º Regimiento que, con ello, se cubrió de gloria. Las brigadas internacionales tuvieron una contribución importante en el sostenimiento de las acciones.

La batalla de Brunete comenzó la noche del 5 al 6 de julio. La división comandada por Líster y la XV brigada internacional atravesaron audazmente las líneas fascistas, las rebasaron y se concentraron en el bosque que había al norte de Brunete. Al día siguiente, a las 8 de la mañana, Brunete estaba en manos de los republicanos. En el mando franquista, cogido por sorpresa, cundió el pánico. La noche siguiente, tras una serie de combates encarnizados en que participaron las brigadas internacionales XIII y XV, los republicanos conquistaron Villanueva de la Cañada.

Al mismo tiempo, la 45ª división y la XI brigada internacional luchaban por ocupar Quijorna. El enemigo se defendía con furia, pero los republicanos lanzaban un ataque tras otro. El 9 de julio, Quijorna y Los Llanos fueron ocupados definitivamente por las tropas republicanas.

La XII brigada sostuvo durante tres días una feroz batalla para ocupar la localidad de Villanueva del Pardillo. La acción se vio coronada por el éxito: los fascistas se rindieron –se hicieron más de 600 prisioneros, entre ellos 7 oficiales- y los voluntarios italianos, garibaldinos, fueron felicitados calurosamente por Rojo, el jefe del estado mayor del ejército del centro, por el heroísmo de que habían dado muestras.    

El día 10 de julio, la XI brigada internacional y la 108 brigada española combatían en dirección a la localidad de Navalcarnero, con el objetivo de apoderarse del cruce de carreteras Brunete-Alarcón.

Entretanto, no obstante, los fascistas habían desplazado por el frente del Guadarrama numerosos refuerzos y resistían los ataques repetidos de los republicanos, que habían puesto todas sus fuerzas en combate. Éstos, agotados por el esfuerzo, no disponían de más reservas. Los combates se desarrollaban en una atmósfera infernal. Los bombardeos fascistas se sucedían sin interrupción día y noche. El enemigo empleaba al máximo su superioridad aérea.

A los republicanos se les planteó entonces el problema de mantenerse en las posiciones conquistadas, de afianzarse en ellas. Los fascistas atacaban aquí y allá mientras acumulaban fuerzas con miras a la contraofensiva que preparaban. El 23 de julio, desencadenaron la contraofensiva con el poderoso apoyo de la artillería, la aviación y los tanques. Disponían de unos efectivos de 40.000 hombres prestos para el combate. Tres columnas fascistas atacaron con inusitada violencia a las fuerzas republicanas que defendían las dos orillas del Guadarrama.

Los combatientes republicanos pasaron por momentos difíciles. Los tanques fascistas llegaron hasta las primeras casas de Brunete. En respuesta a la movilización de los comandantes y los comisarios políticos, los soldados republicanos realizaron esfuerzos sobrehumanos para mantenerse en las posiciones y resistir a la presión del enemigo.

El día 24 de julio, la XI brigada internacional, que defendía el sector Quijorna-Brunete, respondió a ocho violentos ataques fascistas. El fuego de las baterías republicanas y de la infantería puso en fuga al enemigo, que abandonó en manos de los republicanos abundante material de guerra y hombres. Aquel mismo día, sin embargo, Brunete fue reocupado por los fascistas. Los días 25 y 26, una división española y la XV brigada internacional se encontraban defendiendo Villanueva de la Cañada de los repetidos ataques de los fascistas, que no pudieron penetrar en la localidad.     

Los combates continuaron cada vez más encarnizados.

Las unidades españolas y las brigadas internacionales resistieron con energía a los ataques fascistas, fijando definitivamente las posiciones republicanas en la línea imaginaria que pasaba por Quijorna, Villanueva de la Cañada, las afueras de la localidad de Villanueva del Pardillo y seguía, finalmente, todo a lo largo del Guadarrama hasta el puente del Retamar.

En los combates de Brunete, los voluntarios rumanos tomaron parte activa nuevamente.

La primera acción en que participó el regimiento rumano de artillería en el frente de Brunete fue el ataque contra la localidad de Quijorna.

La 45ª división lanzó el ataque desde el norte el día 7 de julio. Con un calor abrasador, las unidades de la división mantuvieron duros combates a lo largo de toda la jornada; las fuerzas republicanas rodeaban la localidad por tres puntos, pero los fascistas resistían.

Al día siguiente, algunas unidades de la XI brigada atacaron también Quijorna desde el sur. La lucha era encarnizada. El pueblo estaba defendido por las mejores tropas de Franco, que resistían desesperadamente sabiéndose rodeadas. Para poder penetrar en la localidad, la XI brigada había de tomar en primer lugar el cementerio, detrás del cual se extendía el pueblo. En el cementerio se habían hecho fuertes los moros y los tiradores de Ifni, que disparaban sin cesar en dirección al vallejo donde se habían concentrado los batallones de la brigada. Los combatientes de la XI brigada avanzaban cuerpo a tierra bajo una lluvia de balas, aprovechando la más insignificante irregularidad del terreno para guarecerse. Los combates eran terribles. Pero el enemigo se defendía con furia y, a la caída de la noche, la localidad seguía en manos de los fascistas.

El 9 de julio, los republicanos reanudaron su ataque, en esta ocasión con el vigoroso apoyo de la artillería y de la aviación. En el cementerio los moros arrancaban las lápidas de las tumbas y las utilizaban como parapeto. Pero el fuego preciso y concentrado de la artillería republicana no dejaba piedra sobre piedra. “La artillería –dice Luigi Longo- estaba representada en especial por el regimiento rumano, que era parte integrante de la 35ª división internacional, recientemente organizada, bajo el mando del general Walter”[3].

El poderoso bombardeo de la artillería y la aviación sembró el desconcierto en las filas franquistas. Era el momento de desalojar al enemigo de sus posiciones. Precedidos por los tanques y armados con granadas, los soldados de la XI brigada se aproximaron al cementerio, ocuparon la trinchera y pusieron en fuga al enemigo. Tras varias horas de lucha, los republicanos ocuparon todo el pueblo, transformado en un montón de ruinas y lleno de cadáveres.

A partir de ese momento la artillería debía prepararse a toda prisa para las acciones que estaban por venir. Me encontraba con Přibyl y Pop en una trinchera angosta al borde de un pequeño olivar. Sobre las rodillas teníamos desplegado un mapa del sector de Villanueva de la Cañada. De allí partía la carretera hacia Brunete; más adelante, esta carretera se cruzaba con la que llevaba a Quijorna; a la izquierda, perpendicular a la carretera, se elevaba una colina.

-Me gustaría reconocer el terreno –le dije a Nicu Pop-. Por esa zona, en alguna parte, deberíamos de encontrar un buen sitio para un puesto de observación. ¡Pero ojo, no vayamos a toparnos con los fascistas!

Tiramos hacia el cementerio de Quijorna. Era un espectáculo espeluznante. Entre las tumbas removidas yacían los cadáveres de los muertos en los combates de la víspera. Hacía calor, en el aire flotaba un olor áspero a descomposición; algunos rostros me parecían familiares. En esa zona habían luchado, sin duda, camaradas de la XI brigada.   

Descendimos por el valle y llegamos a una llanura donde deberían encontrarse nuestras trincheras. Un agente de enlace nos indicó la dirección a seguir, pero nos aconsejó que no lo hiciéramos, en la seguridad de que no saldríamos vivos de allí. De hecho, los fascistas disparaban sin parar. Pero seguimos adelante, o mejor dicho, corrimos como conejos, escondiéndonos por entre las matas de romero, de olor penetrante y un punto amargo, como de menta y ajenjo. 

Dimos con las primeras trincheras. Estaban ocupadas por los combatientes del batallón “Thälmann”.
Nos explicaron dónde se encontraba el batallón “Edgar André”. De nuevo nos dijeron que no tratáramos de llegar hasta allí antes de la caída de la noche. Pero no había tiempo que perder. Seguimos adelante. Encontramos a los del “Edgar André” derrengados por los combates y entristecidos por las enormes pérdidas. Finalmente, llegamos a nuestro destino, a la colina entrevista desde la trinchera donde estábamos hacía varias horas, o quizá hacía un siglo… Habíamos perdido la noción del tiempo debido a la tensión… Exploramos la zona. Era perfecta para un puesto de observación. Desde allí veíamos como la palma de la mano nuestras posiciones y las enemigas. Una nueva posición ganada que aprovechamos al máximo los días siguientes, cuando el regimiento rumano de artillería apoyó sin interrupción las acciones de las unidades de infantería de la 35ª división, con la que tan fructíferamente colaboraba.

-¿Sabes cómo me llaman ahora los del batallón “Thälmann”? –me preguntó Nicu-. El novio de la
Grupo de artilleros rumanos en España
muerte
. Ni se les pasaba por la imaginación que pudiéramos volver vivos, sanos y salvos de nuestra excursioncilla. Pero les dije que vine aquí a matar fascistas, no a que me mataran ellos a mí, ¿o no es verdad?


En Rumanía, la prensa reaccionaria pregonó con todo lujo de detalles la noticia de la aniquilación de la primera unidad rumana antifascista. Pero nuestros voluntarios, que mantenían un vínculo estrecho y permanente con las amplias masas de la patria, les hicieron saber en diferentes ocasiones que continuaban con toda firmeza su lucha contra el fascismo, exhortándolas al mismo tiempo a levantarse cada vez con mayor decisión contra el enemigo.

“En los más duros combates del pueblo español –en la Ciudad Universitaria, en el Jarama, en Guadalajara-, nuestra unidad no ha dejado de hablar a las claras, por muy temibles que sean sus palabras. En todas partes ha puesto de manifiesto la voluntad de lucha del pueblo rumano”, se decía en un manifiesto que dirigió a las masas trabajadoras de la patria, desde el frente de Brunete, el regimiento rumano de artillería.

“Y hoy, cuando el joven ejército republicano ha demostrado, al pasar a la ofensiva en el frente de Brunete, que sabe arrancar la iniciativa de las manos de los fascistas, el regimiento rumano de artillería ha participado en la lucha con todo su incansable arrojo, con toda su potencia de combate.

La ofensiva republicana ha revelado la superioridad de las fuerzas antifascistas...

Y nosotros, los miembros del regimiento rumano de artillería, estamos orgullosos de que nuestra bandera haya ondeado sobre las trincheras y pueblos reconquistados, estamos orgullosos de haber contribuido a detener el ataque fascista, frustrando sus acciones en los alrededores de Brunete.”[4]


[1] Los miembros del Colectivo Valakia Roja tuvieron la suerte de conocer personalmente a Andrei Micu, último brigadista internacional rumano en fallecer, comunista íntegro que jamás hasta su muerte, acaecida el 16 de septiembre de 2011, abdicó de su ideal político revolucionario e “internacionalista”, como le gustaba recalcar. Su inmenso amor a España y al pueblo español se reflejaba en su determinación, inquebrantable, de hablar con nosotros en castellano o en las canciones de la Guerra Revolucionaria 1936-1939, que, a pesar de sus casi cien años, entonaba aún con voz firme.
Donado por su hijo Vladimir, el ejemplar del Quijote que acompañó al camarada Andrei Micu toda su vida forma parte hoy de los fondos de la Biblioteca del Instituto Cervantes de Bucarest. [N. de los t.]
[2] Retraducción a partir del rumano. [N. de los t.]
[3] Retraducción a partir del rumano. [N. de los t.]
[4] Este manifiesto, aparecido en El combatiente” [“Luptătorul”] nº 5 de 15 de octubre de 1937 (periódico de los voluntarios rumanos editado en el frente de España), fue reproducido, entre otros, por la revista “El Despertar” [“Deşteptarea”] de los rumanos de América, año 1938, pág. 59, revista en cuyas páginas se encontraban frecuentes noticias sobre la lucha de los voluntarios rumanos en España, prueba del interés y simpatía con que los rumanos de América seguían la lucha de los republicanos españoles y las acciones de solidaridad con dicha lucha. [N. del A.]